
Es curioso, pero a veces entran en nuestra vida personas a las que parecemos conocer de siempre. Esto no ocurre a menudo pero cuando sucede, es una sensación gratificante y extraordinaria. Estas personas tienen el don de removernos por dentro, de sacar de nosotros lo que normalmente no sale. Son como el viento que sacude los arboles, como ese latido de corazón que se nota mas que los demás, como ese ritmo que no podemos evitar seguir con el pie. ¿Porqué será?
¿Es verdad que estamos destinados a reencontrar y por supuesto reconocer a las mismas almas vida tras vida? ¿Independientemente de su envoltura corporal? Pues ciertamente no lo sé, no dispongo de respuestas pero, mi curiosidad es enorme. Cada vez más, porque ultimamente no hago más que encontrarme personas con las que me sucede esto. Es un estado de comunión tal, que a veces no hacen falta palabras. Inevitablemente he de reconocer que me engancha esta sensacion. Es algo espiritual o místico o como deseemos definir pero que definitivamente envuelve. Me dejo llevar, disfruto la situación y después, a solas, la pienso, la desmenuzo, la analizo y extraigo de ella ese jugo dulzón y apetitoso que saboreo una y otra vez, sin empachos posteriores.
Ciertamente abrir las ventanas de nuestra alma y dejar que se airee, no solo trae aires nuevos y renovados sino que con esos aires también se cuelan personas con la capacidad de devolvernos lo que un día creímos perder. Vuelven a nosotros las ilusiones, las esperanzas, la fe en los demás, la amistad, el amor.........................
Llegan en el momento preciso, como la lluvia a los campos o el día tras la noche. No los esperes, no los busques, te encontraran, como el barco encuentra la luz del faro en la costa. Es inevitable pero sobre todo.......................necesario. ¿Te encontraron a ti?


